Los tres chiflados: al principio fue el caos (al final también)


Los tres chifladosLa leche con chocolate y las rodajas de pan con abundante manteca es una imagen recurrente de mi infancia. Ahora bien, esta imagen está incompleta sin la pantalla del televisor en blanco y negro dominando la mesa del living, transmitiendo “El show de los tres chiflados”. No sé a qué programador de televisión se le pudo ocurrir que estos 190 cortos realizados originalmente para el  cine, de 16 minutos cada uno, producidos para la Columbia Pictures entre 1934 y 1958, de un humor absurdo y violento, podían funcionar en la pantalla chica, pero sin duda fue una excelente decisión.

Los tres chiflados se llamaban originalmente “The three stooges”, y el termino stogges,  de acuerdo a las reglas no escritas de la traducción en argentina y como no podía ser de otra manera no tiene nada que ver con chiflado. Stooge es originalmente un tonto, un segundón, con este término se conocía en el vodeville norteamericano al cómico  que le daba el pie a  los chistes del actor principal. También se denominaba así al número de relleno, ese que servía en el teatro para mitigar el aburrimiento entre dos números principales (el gran Iggy Pop, sabía bien lo que hacía cuando con una llamativa lucidez llamo así, “The stooges”, a su grupo de rock, demasiado radicalizado y tosco para su época, que nunca paso de ser telonero de los super grupos de los años 70). Ahora bien, en el caso de los tres chiflados la lógica del segundón iba más lejos aún: estos tres seres, destinados al fracaso en cuanta empresa emprendían, eran también segundones del mundo que habitaban, eternamente relegados, desde lo social, desde lo histórico, y demás está decir, desde sus representaciones: la ropa, la vestimenta, la educación y hasta la comida.

El grupo de cómicos que animaban a los tres chiflados no era genial, no por lo menos a la manera de los hermanos Marx o Stan Laurel y Oliver Hardy, de los cuales estaban siempre, por más voluntad que pusieran, varios escalones más abajo. Sin embargo sus rasgos individuales interactuando formaban un coctel explosivo: Curly, el pelado, era una representación de las fuerzas mismas de la naturaleza, todo en este personaje era instinto, incapaz de razonar siquiera a un nivel mínimo, avanzaba sobre un mundo que lo repele con la total seguridad que le proporciona su fuerza bruta y su total falta de criterio; Moe, el del flequillo, permanentemente enojado y pedante, es el único capaz de oponerse a Curly, y la historia final de los tres chiflados se reduce siempre en última instancia a los desesperados intentos de Moe de poner freno y orden al caos que representa su compañero. Moe es además el personaje más interesante de la triada, por la sencilla razón que es un tonto que no tiene consciencia de serlo, no lo sabe, y en esta ignorancia radica su gracia. Frente a estos el chiflado que nos falta Larry, el de rulos, es un segundon entre segundones. Nexo entre Curly y Moe intenta ser un mediador entre sus dos amigos, una fugaz irrupción de la razón pura, que media con una aparente y desubicada normalidad entre las exacerbadas reacciones de los dos chiflados restantes.

Los trabajos ocasionales que consiguen los chiflados, en cada uno de los programas, y para los cuales, por más humildes que estos sean están subcalificados, siempre terminan inacabados, y como no puede ser de otra manera esta ineptitud lleva invariablemente a la total destrucción de las propiedades de sus empleadores; Supremo insulto al capitalismo, (no por nada cuando en la novela de Osvaldo Soriano, “Triste solitario y final”, cuando un atribulado Stan Laurel reflexiona acerca de por qué Chaplin era rico y el estaba en un geriátrico olvidado llega a la conclusión de que la sociedad norteamericana nunca les perdono al gordo y al flaco que su humor, al contrario de Chaplin, se basaba en la destrucción de la propiedad privada.[i]) que termina siempre  con la frenética  persecución  de nuestros héroes, destinados a escapar de un orden inmutable que repelen y que a su vez también los repele una y otra vez.

El orden en el mundo de los tres chiflados es el orden de la infancia (tal vez por eso nos son tan queridos).  Los tres chiflados se niegan a crecer, crecer es claudicar, es aceptar las normas que les quieren imponer, es asimilarse a un mundo que desprecian, prueba de esto es el fantástico capitulo en el que nuestros personajes están trabajando en la casa de un profesor que discute con otro la teoría de la evolución y a la manera de un Pigmalión se le ocurre que una buena forma de demostrar su teoría “La educación puede transformar a tres imbéciles en tres caballeros” es convertir a nuestros amigos en ejemplos de mundanidad. Curly, Larry y Moe son convocados para el experimento y ante la propuesta del profesor, “quiero hacer de ustedes tres perfectos caballeros”, los chiflados asustados responden a coro, “No, cualquier cosa menos eso”. Demás está decir que en este capítulo, después de superar innumerables pruebas y ser considerados unos auténticos caballeros, todo va bien  hasta que durante una cena de gala, el instinto de los chiflados prima sobre las conductas aprendidas y la lluvia de tortas de crema más grande de la historia, cierra tanto el corto como las pretensiones del profesor de asimilar a estos salvajes a cualquier tipo de orden establecido.

Estas breves reflexiones surgen a partir de enterarme que un canal de Buenos Aires, no recuerdo cuál, ha incluido por enésima vez los cortos de los tres chiflados a su programación del mediodía, permitiendo que una vez más Curly, Larry y Moe sean redescubiertos por las nuevas generaciones. Yo por mi parte no quise verlos, tenía miedo de que hubiera envejecido mal el humor de los chiflados o lo que es peor, que hubiera envejecido yo lo suficiente como para no disfrutarlos. Por eso, a los jóvenes de edad o de espíritu los conmino a que dejen de lado todo prejuicio y durante 16 minutos disfruten del humor iconoclasta de los tres chiflados. Por mí no se preocupen, que aunque ya no quiera verlos, su recuerdo me llena de alegría.

 


[i] Para comprobar la afirmación del buen Stan vean la destrucción llevada al paroxismo en el fantástico corto de Laurel y Hardy “Big business”, 1929, acá conocido como “Ojo por ojo” (¡otra vez las traducciones!) en este link: https://www.youtube.com/watch?v=5TRneBC98Gk

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=5TRneBC98Gk[/youtube]

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