Fernando Flores Morador: Argentina, laboratorio del futuro más cercano

Fernando Flores Morador

Resulta que en la era Postmoderna, las izquierdas ya no existen, ni tampoco existen las oligarquías. Esta situación es un verdadero problema en el momento de visualizar los hechos políticos de América Latina, un problema que se manifiesta claramente en la situación actual en Argentina. Pero también es el síntoma de un futuro alentador que se nos viene encima.

Es un problema porque hay una desidia intelectual que ha desdibujado la sabiduría adquirida con mucho dolor desde los tiempos de la Independencia, a saber: que las políticas están siempre asociadas a los intereses materiales y que lo que se defiende favorece a “muchos” o a “pocos”, pero muy rara vez a “todos”. Se nos ha olvidado que más tarde o más temprano habrá que tomar partido por “los más” o por “los menos”.

Hasta no hace mucho tiempo a la huelga se le llamaba “huelga”, al lockout, “lockout”; lo primero se refería a las medidas de fuerzas de las “mayorías”, lo segundo a las medidas de fuerzas de las “minorías”. Hoy todas esas medidas de fuerza están acreditadas por los bloqueos de rutas en los que obreros y oligarcas, empleados del estado y clases medias, “todos” son simplemente “piqueteros”.

Detrás del termino “piqueteros” se esconde por una parte, una sociedad alzada hacia cambios revolucionarios. Esto sucede desde hace ya mucho tiempo. Argentina del futuro Americano, siempre en la vanguardia.

Ahora bien, las mismas medidas son aplicadas por otros “piqueteros”. Medidas de lucha radicales que en este caso son síntoma de una desesperación histórica. Los “pocos” ya no pueden gobernar como antes, ni tienen los medios de fuerza de antes, están en una profunda crisis, al borde de la quiebra.

Claro, nada imposible de solucionar si están dispuestos a salir renegociando su poder, devaluándolo, trabajando más y ganando menos. No hay más lugar para oligarcas “chapados a la antigua”. Seguramente sí habrá lugar para hacendados menos poderosos, más “temerosos de Dios”, más dispuestos a dignificar el trabajo del peón, del jornalero, a pagar impuestos y a respetar los gobiernos elegidos por el pueblo.

Argentina esta “alzada” desde hace mucho, su situación es tan aguda como la de Venezuela o la de Bolivia. Pero en Argentina el nivel político de los muchos es realmente alto, y esto puede suponer un camino más corto hacia el futuro.

Fernando Flores Morador (1950, Montevideo, Uruguay) Es docente en Historia de las Ideas y Director de Estudios del Departamento de Ciencias Culturales en la Universidad de Lund en Suecia. Es Director del Seminario Latinoamericano de Filosofía e Historia de las Ideas en la misma Universidad

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1 respuesta

  1. eduardo arce dice:

    Hola loco! Si leí bien – o si entendí bien- se trataría más bien de un retorno a un pasado -aunque no tan arcaico com ese al que hacés referencia en tu libro-. Quiero decir que sería más bien una vuelta al viejo paternalismo más o menos razonable, paternalismo que encarnó el Viejo Batlle -y sobre todo su hijo Luis, con la creación de los Consejos de Salarios-.
    En este caso, me parece que la idea de «nación» -y sobre todo la de Estado-Nación- enmascara bien lo de los intereses particulares que vos recordás a los que los hubieran olvidado, que seguramente los haya.
    En una de esas sigo aprgado a esquemas anticuados, pero cuando leo lo de los «piqueteros» tengo también laimpresión de que en ese enredo que vos cuestionás habría también algo «de antes» -quiero decir algo que conocimos con la distinción entre sindicatos obreros y sindicatos «amarillos»-.
    Con todo, reconozco que -a pesar de mirar mucha cosa de América Latina- mi impregnación de la cultura europea tiene una incidencia importante en mi manera de «leer» los acontecimientos. En ese sentido, lo del «paternalismo patronal» es un concepto muy utilizado por sociólogos franceses, con referencias a situaciones concretas de un pasado relativamente reciente.
    Con todo, te aclaro que -más que la experiencia argentina- me interesan experiencias como la venezolana, la ecuatoriana y -sobre todo- la boliviana. Sobre todo la boliviana porque me parece que encara -con muchas dificultades y con mucho mérito- de manera central la cuestión de la diversidad cultural, al mismo tiempo que la de la justicia social. En ese marco parece más difícil el ocultar los intereses de «los menos».

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