¿Tiene razón CFK cuando habla de educación?


cfkSí, tiene razón.

Resultaría necio negar los avances que han habido en materia educativa en estos años y que tan detalladamente han sido expresados en el discurso de apertura de las sesiones legislativas por Cristina Fernández.

Dijo la presidenta:

“(…) aulas digitales móviles, programas de netbooks, 67 millones de libros distribuidos, 1.700 escuelas nuevas construidas, 406 en proceso de licitación, 345 actualmente en construcción, 6.384 refacciones, educación técnica, aulas-talleres móviles, Plan Fines… Ya tenemos más de 500.000 egresados de planes Fines, que eran los hombres y mujeres que no habían podido terminar sus estudios. Nuevas aulas con equipamiento inicial; señales dependientes del Ministerio de Educación como Paka Paka, canal Encuentro, que son realmente modelos en materia educativa; nueve nuevas universidades nacionales que permiten mejorar y descentralizar la oferta educativa; y el aumento presupuestario para las universidades.

(…) Hemos aumentado 1.485 por ciento el presupuesto de las universidades nacionales. Hemos hecho infraestructura por 6.000 millones en materia de universidades: es decir, 1.690 por ciento; aumento de los docentes en salarios: 1.163 a los docentes y 1.524 a los no docentes; nuevas escuelas de educación 613. Las becas son otra de las cosas que menciona el Banco Mundial como una de las transferencias a los sectores más vulnerables: becas a nivel universitario, en el año 2013 hubo 45.000 becas universitarias. En fin, podría seguir diciendo…”

Todo esto es verdad, y la presidenta podría seguir diciendo. La gestión de la década kirchnerista ha sido, por lejos, de las mejores, sino la mejor de la historia argentina en inversión e inclusión educativa. Sí, la presidenta tiene razón.

No, no tiene razón.

Sin embargo, y precisamente en nombre de todo lo hecho, la presidente se ha equivocado. En su discurso ha hablado de las mejoras salariales pero solo del sistema universitario, nada ha mencionado de los docentes de los niveles inicial, primario y secundario, quienes son los que hoy están reclamando y que son los más postergados.

Es a estos docentes a los que la presidenta aludió cuando dijo “…trabajan cuatro horas por día y tienen tres meses de vacaciones». Frase poco feliz que puede deberse a que la presidenta desconoce la naturaleza del trabajo docente y está mal asesorada, o a que realmente piensa que los docentes son en su mayoría, flojos e irresponsables. Quiero quedarme con la primera de las razones…

Debe resulta penoso para quienes están en la docencia escuchar frases como las pronunciadas por la presidenta, sobre todo cuando los que están mano a mano con los sectores más vulnerables de la población como son los niños y adolescentes, son precisamente los docentes.

Quizás valga la pena recordar que cuatro horas por día son las que el docente pasa frente a alumnos. Hasta ahí, cierto. Pero para poder estar esas cuatro horas debe realizar planificaciones, preparar las clases, corregir, atender requerimientos administrativos del colegio y/o del Ministerio, la mayoría de las cuales se realizan fuera del horario escolar, en sus hogares.

Pero además, la tarea docente superan ampliamente el ser especialista y enseñar  disciplinas como matemática, lengua, historia, biología, etc. Sobre todo en estos tiempos de “relaciones líquidas”, con familias cada vez más desestructuradas, el docente se transforma en muchas ocasiones en el único referente estable que tiene un alumno, en el único adulto que lo escucha y lo puede orientar en cuestiones que exceden largamente lo curricular. Sobre todo porque es muy común en estos días, que los chicos compartan más cosas con un docente que con algún adulto de su propia familia.

Que en el imaginario social exista la idea de que los docentes son vagos, o que su nivel es bajo, o cualquier otro cuestionamiento, es entendible y, en algunos casos, seguramente justificable. Hay mucho por corregir. Pero no lo es tanto cuando este tipo de críticas se hacen desde quien ejerce el cargo más importante del Estado y cuando el interlocutor utilizado para solucionar el conflicto, el Jefe de Gabinete, lo hace en términos un tanto patoteriles.

Si el Gobierno quiere arribar a las presidenciales del 2015 con expectativas de conservar el poder debería revisar el discurso y las acciones con las que se dirige a los trabajadores de la educación. Ojo, absolutamente ninguna fuerza política opositora tiene la posibilidad de tan siquiera empardar lo que este gobierno ha hecho en esta materia. Pero la presidenta no debe olvidar que el ícono de la resistencia y posterior derrota del  menemismo lo constituyó la “Carpa Blanca”, y que del otro lado de la cordillera, la Concertación perdió las elecciones por la falta de resolución de un conflicto educativo, en ese caso, planteado por el estudiantado.

Posts Relacionados:

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.