Saquen una hoja (y un cicatrizante)


Hoy que están en el tapete los temas referidos a la violencia en las aulas, no se menciona debidamente el hecho de que está muy extendido el recurso a los castigos corporales por parte del maestro, ya sea con las manos o un instrumento, o incluso por un alumno avanzado, quien tiene el «honor» de hacer cumplir las penas.

En estos momentos, casi todos los países hipanoparlantes han deshechado esta práctica aunque se sigue llevando adelante el castigo corporal por parte de algunos docentes sobre todo en los niveles educativos inferiores. Por aquello de la identificación del maestro con una figura parental, no siempre los niños se quejan y suele ocurrir que rara vez se determina la existencia de esos castigos, sobre todo porque al estar prohibidos por ley, se busca evitar dejar marcas en los infantes.

¿Pero qué pasa en los paises en los que esta forma de disciplinamiento está permitida por ley?

En 1999, en el Correo de la Unesco se mencionaba el caso de Justus Omanga, un alumno de cuarto año de la escuela secundaria Mobamaba (distrito Kisii, Kenya), quien se negaba a reconocer que había dejado entrar a una muchacha en el establecimiento una noche del  mes de agosto de ese año. Ante la falta de una confesión, sus profesores se enfurecieron.

Cuatro de ellos patearon y golpearon a Omanga con un pesado garrote. El muchacho perdió el conocimiento. Un mes más tarde falleció en un hospital como consecuencia de una grave disfunción renal y de otras lesiones internas.

En ese artículo, se recalcaba que según la prensa keniana, entre 1995 y 1999, por lo menos seis alumnos murieron como consecuencia de castigos corporales. Las frecuentes palizas en la escuela han provocado en algunos estudiantes lesiones como “hematomas y cortes, fracturas, pérdida de dientes y hemorragias internas”.  Esto según el informe de una investigación  realizado por Human Rights Watch (HRW), ONG con sede en Nueva York, titulado «Proteger a los niños: los castigos corporales en las escuelas de Kenya».

En esta semana, Human Rights Watch volvió a la carga, pero esta vez focalizándose en otro punto del planeta: Estados Unidos de Norteamérica

Denuncian castigos físicos a niños en escuelas públicas de Estados Unidos

Más de 200.000 niños en las escuelas públicas de Estados Unidos sufrieron castigos físicos en el curso 2006-2007, afirma un estudio realizado conjuntamente por la Unión de Libertades Civiles y el grupo Human Rights Watch.

En los trece estados que castigaron físicamente a más de 1.000 estudiantes por año, las niñas negras tuvieron dos veces más probabilidades de ser golpeadas que las blancas. Estos trece estados son: Florida, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Alabama, Tennessee, Kentucky, Misisipi, Arkansas, Misuri, Luisiana, Texas y Oklahoma.

En el informe, de 125 páginas, se afirma que en los estados de Texas y Misisipi los alumnos de entre tres a 19 años son castigados físicamente, de manera rutinaria, por infracciones menores tales como mascar chicle, responderle a un maestro, o violar el código de vestimenta, así como por otras transgresiones más graves como las peleas.

El castigo corporal de los escolares, que es legal en 21 estados, típicamente consiste en el «paletazo» o «reglazo», durante el cual un administrador o docente golpea a un niño o una niña repetidas veces las nalgas con una tabla de madera. Los diez estados con porcentajes más altos de alumnos que recibieron «paletazos» son por este orden: Misisipi (7,5), Arkansas (4,7), Alabama (4,5), Oklahoma (2,3), Luisiana (1,7), Tennessee (1,5), Georgia (1,1), Texas (1,1), Missouri (0,6) y Florida (0,3).

«Todas las escuelas públicas necesitan métodos de disciplina que sean eficaces, pero golpear a los niños les enseña violencia y no pone fin a la mala conducta», dijo Alice Farmer, autora del informe. «El castigo corporal desalienta el aprendizaje, no previene la mala conducta y a veces, aún, la provoca».

El informe encontró que en los trece estados del sur del país donde es más común el castigo corporal, los estudiantes negros son castigados en una tasa 1,4 veces más alta de lo que podría esperarse dado su número en la población estudiantil, y las niñas negras tienen 2,1 veces más probabilidades de recibir la «paleta». «Los estudiantes de minorías en las escuelas públicas se enfrentan a numerosas barreras», dijo Farmer. «La exposición de estos niños a tasas desproporcionadas de castigo corporal en las escuelas crea un ambiente hostil en el cual estos alumnos deben bregar aún más».

Según el informe, los estudiantes con discapacidades mentales y físicas también reciben castigo de forma desproporcionada, con consecuencias potencialmente graves para su desarrollo. En Texas, por ejemplo, el 18,4 por ciento del número total de estudiantes castigados físicamente fueron alumnos de educación especial, aunque conforman sólo el 10,7 por ciento de la población estudiantil.

El informe titulado «Una educación violenta», es el resultado de cuatro semanas de investigación en Misisipi y Texas a finales de 2007 y comienzos de 2008, que incluyó más de 175 entrevistas con niños, maestros, padres y madres, administradores, directores, y miembros de juntas escolares. El informe documenta varios casos en los cuales los niños recibieron golpes que causaron lesiones casi graves. Dado que los docentes que golpean a los alumnos tienen inmunidad bajo la ley, las familias que buscan justicia para sus hijos lesionados encuentran resistencia de la policía, los fiscales, y los tribunales.

Según los grupos defensores de los derechos, las familias también encuentran obstáculos enormes, y a veces insuperables, si tratan de impedir el castigo físico de sus niños. Human Rights Watch y la Unión de Libertades Civiles pidieron que el gobierno de Estados Unidos prohíba el castigo corporal en todas las escuelas públicas, e instó a los gobiernos de los estados, las juntas escolares, los superintendentes y administradores que eliminen el castigo físico en sus escuelas.
¿Un chirlo de vez en cuando viene bien?

La ONG Save the Children hizo una recopilación de casos de castigos corporales sobre niños en distintos lugares del mundo y se deja ver que en aquellos países en los que hay permisividad legal para este método de disciplinamiento, la tendencia a provocar daños irreversibles, incluso la muerte, es un riesgo permanente. Además de eso, no hay un correlato entre el orden impuesto manu militari en las aulas, con descenso de tasas de violencia social, delincuencia, adicciones, etc. entre la población juvenil, sino más bien lo contrario. Quizás es hora de empezar a cambiar la mirada sobre las actitudes que los adultos adoptan para llevar adelante ciertos procesos pedagógicos. Desde la familia misma.

Posts Relacionados:

Gustavo Ernesto Carrizo

Experto en Implementación de Proyectos de e-Learning (Universidad Tecnológica Nacional), se desempeña como asesor en temas relacionados con Internet y desarrolla y administra distintos sitios web institucionales.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.