Opinión: Acerca de los cursos de tiro para civiles aunciados por la UCC



Por Darío López Belot

De Diario de Cuyo (09/01/2013): «A partir de este año, cualquier persona podrá aprender a disparar y saber los conocimientos técnicos de las distintas armas en la Universidad Católica de Cuyo (UCCuyo). Es que la institución abrió la Licenciatura en Seguridad Ciudadana al público en general, que deberá pagar una cuota para poder estudiar y ya no sólo serán los policías y los aspirantes los que tengan acceso a ese tipo de prácticas

 

tiro_uccYa me había causado cierto malestar que el gobierno provincial le diera a una universidad privada la responsabilidad de la formación de los agentes de policía. Malestar sobre todo porque significa que todos los ciudadanos sanjuaninos pagaremos a una universidad privada (y no importa tanto aquí el tema confesional), que ya es subsidiada por el Estado, y que ya tiene privilegios otorgados por el art. 2 de la Constitución Nacional, cuestión, por otra parte, que amerita una urgente reforma.

El Estado Argentino, sus habitantes, no pertenecen a una sola confesión religiosa. Es más, hay algunos que ni siquiera tienen o ejercen una fe, declarándose ateos, y aunque no me guste, debo respetarlos.

Pero lo que acabo de leer sobre «enseñar tiro a los civiles», me parece horroroso, al menos por dos cuestiones. La primera, porque estamos habilitando a los ciudadanos, al pueblo, a hacer justicia por mano propia, restándole parte de la soberanía delegada al Estado, incurriendo por lo tanto en una acción anticonstitucional, ya que la ley manifiesta en su art. 22, que «El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición.»

El uso de la fuerza, reside, nos guste o no, en el Estado.

Además, poder manipular un arma y, potencialmente, usarla en contra de otro ciudadano es parte de un pensamiento muy perverso que se justificará, muy probablemente, argumentando la falta de seguridad en la que vivimos. Si todos nos armamos, terminaremos aniquilándonos, y lo que es peor, estoy seguro que en el corto plazo tendremos un crecimiento en casos como los que repetidamente se producen en los Estado Unidos.

Y ni qué hablar si tenemos en cuenta ese perverso pensamiento que circula en nuestra sociedad sobre «matar a los negros, porque sino ellos te matan a vos…»

En segundo lugar, me extraña que una institución de perfil cristiano asuma semejante tarea. El cristianismo, en todas sus denominaciones, ha cometido errores gravísimos al ponerse al lado del poder, y la mayoría de las veces ni siquiera ha dado o da muestras de arrepentimiento.

Desde Constantino, y sobre todo desde el emperador Teodosio, en el s IV, el cristianismo ha arrastrado el profundo equívoco de pretender la extensión del evangelio, y su exclusividad, desde el terror y no desde el amor.

Ejemplo nos dio el fundador de la iglesia: no se trata de matar para imponer la fe, sino de morir por ella, sufriendo aún las injusticias. Digo esto y tiemblo, pero creo que es así.

Con mi fe debilitada, con grandes contradicciones, ruego por aprender más del hombre manso y humilde. Espero que todos podamos hacerlo, para que este tipo de iniciativas sean repudiadas y abolidas.

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