La polémica por los crucifijos en las aulas llegó a Alemania



Ayguel Oezkan, integrante de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller alemana Angela Merkel e hija de inmigrantes turcos, pidió que se prohíba el crucifijo en las escuelas estatales. Esto ha generado un fuerte debate en su partido y ha recibido amenazas de muerte por parte de grupos de extrema derecha.

Oezkan, de 38 años,  quien es una fuerte candidata a cubrir el cargo de ministra de Asuntos Sociales del gobierno de centroderecha en el estado de Baja Sajonia (oeste),  pidió la prohibición del crucifico en una entrevista publicada la semana pasada por una revista alemana. «Los símbolos cristianos no corresponden a las escuelas estatales», afirmó en declaraciones a «Focus».

«Las escuelas deberían ser un lugar neutral en el que los niños puedan decidir su orientación religiosa por su cuenta», defendió, subrayando que «los pañuelos tampoco corresponden a las aulas».
Desde su partido, numerosas voces se han apresurado a denunciar estas palabras y piden que renuncie a su cargo en el gobierno regional, que está previsto que asuma mañana martes.

Los símbolos cristianos, por encima de todo el crucifijo en las escuelas, son bienvenidos por el gobierno estatal de Baja Sajonia en conformidad con la práctica de educación tolerante sobre la base de los valores cristianos», señaló Wulff, precisando que también se tolera que las estudiantes porten pañuelo en las aulas en virtud de la libertad religiosa, aunque no así los profesores.

Por su parte, Stefan Mueller, diputado que representa a la CDU en asuntos de integración, se mostró más tajante y consideró las declaraciones «absurdas e escandalosas». «Los políticos que quieren prohibir los crucifijos en las escuelas deberían pensar si pertenecen a un partido cristiano», aseveró Mueller. «El crucifijo es la base de nuestra identidad, cultura y valores», subrayó.

Oezkan, una abogada nacida en Hamburgo de padres que emigraron a Alemania en los 1960, aseguró en una entrevista concedida al diario «Bild» que no se considera a sí misma una musulmana devota pero reconoció que su familia celebra las festividades islámicas. La mujer, que sería la primera ministra de un «land» alemán de origen turco en el país, explicó al diario que ha recibido amenazas de muerte y al parecer tiene protección policial las 24 horas.
En Alemania viven unos tres millones de personas de origen turco, muchos de los cuales llegaron al país como mano de obra contratada en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El Gobierno de Merkel ha intentado abordar los problemas que se perciben en la integración de la población musulmana del país mediante una serie de «cumbres de integración».

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