El valor de las preguntas cuando se tienen demasiadas respuestas: los mitos acerca de los nativos digitales

Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas,
mas digo, sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.

José Hernández, Martín Fierro, II, XXXII,

El diario El País se pregunta en una nota referida a las TIC y la educación, acerca de la baja penetración de elementos tecnológicos en las aulas. Resalta que hay un mito acerca de que la utilización de los recursos informáticos mejora necesariamente el rendimiento de los estudiantes o los profesores. El viejo tema del aluvión masivo de información que trae Internet y las capacidades de alumnos y docentes para saber manejarse en ese medio. Parece ser que disponer de la información tan fácilmente, no garantiza el acceso a saberes productivos, aunque la nota incorpora cierto optimismo al respecto:

«(…) Internet y, en general, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), son un recurso infrautilizado en Primaria y Secundaria. Su adopción, sin embargo, puede abrir la puerta a una nueva era del sistema educativo en el que las clases contarán también con el potencial creativo de los alumnos. El flujo bidireccional puede enriquecer«.

El interés que manifiesta el diario español está en línea con algunos resultados que arroja el estudio encargado por el Joint Information Services Committee (JISC) y la British Library a CIBER, un grupo de investigación de la Universidad de Londres, que advirtió acerca de la sobreestimación de la influencia de las TIC en la llamada «Google Generation», o sea los nacidos luego de 1993 o alfabetizados alrededor de ese año, también conocidos en algunos análisis como «nativos digitales», quienes se mueven más a gusto en los motores de búsqueda de Internet que en una biblioteca «de papel».

Según el mencionado estudio, titulado «Information Behaviour of the Researcher of the Future«, no se puede afirmar que existan suficientes evidencias que fundamenten el supuesto de la superioridad de los jóvenes «tecnologizados» en lo que hace a las habilidades informacionales y se pone en duda su superioridad en relación a las capacidades multitarea. Es más, se afirma que los jóvenes suelen pasar demasiado tiempo en línea buscando información y finalmente, como se dice más arriba, ésta no es cualitativamente aceptable. Las investigaciones indican que los usuarios estudiados hacen búsquedas tales que un 60% de los que consultan revistas académicas electrónicas leen apenas una media de tres páginas y un 65% nunca consulta el mismo artículo. La vista es más rápida que cualquier esbozo reflexivo y no se profundiza en los materiales que se encuentran.

El punto más inquietante en el que hace hincapié el informe, es en la carencia de capacidad de crítica y análisis por parte de los jóvenes para discernir acerca de la relevancia y fiabilidad de sus hallazgos. Afrontémoslo, ni más ni menos que el problema con el que se encontraron generaciones anteriores en los mismos segmentos edáticos, sólo que hoy el flujo incesante y tumultuoso de información convierten estas incapacidades en estrechos cuellos de botella cognitivos, que ante la miríada de opciones, hace innecesariamente azarosa la elección de resultados cuando se investiga. Por otra parte, la extensión del mito de considerar a los jóvenes como referencia positiva en el uso de la web, ha hecho que otros usuarios, docentes incluidos, incorporen conductas de navegación y en algunos casos de búsqueda propias de aquéllos, que privilegian la inmediatez por encima de la rigurosidad.

Los resultados del estudio encargado por JISC y la British Library renuevan las urgencias planteadas en la Declaración de Alejandría, proclamada en el Coloquio organizado en noviembre de 2005 en Egipto por la UNESCO y la International Federation of Library Associations and Institutions. En dicha declaración se instaba encarecidamente «a los gobiernos y a las organizaciones intergubernamentales que intenten o aspiren a políticas y programas para promover la alfabetización informacional y el aprendizaje de por vida«. En el mismo documento se establecía la necesidad de propender al «desarrollo profesional del personal que trabaja en la educación, bibliotecas, información, archivos, servicios de salud y para la población acerca de los principios y prácticas de la Alfabetización informacional y el aprendizaje de por vida«.

Si bien el estudio de CIBER ha sido criticado por algunos aspectos más bien difusos en lo que hace a la precisión de sus fuentes y a la delimitación de las edades en relación con las fechas que se mencionan como referencias epocales, tiene la virtud de poner un alerta respecto del supuesto de que las nuevas generaciones están mejor preparadas que las anteriores para vivir en el mundo actual, tan sólo por el hecho de estar inmersas desde la cuna en un ambiente tecnológico enriquecido.

La irrupción de Internet en la cotidianeidad importa un fuerte impacto en las relaciones de poder que regulan socialmente la construcción del conocimiento y la distribución de saberes. En el caso argentino, ante reclamos salariales y presupuestarios por parte de los trabajadores de la educación, tanto desde esferas gubernamentales como en ciertos medios de comunicación, se pone en tela de juicio el profesionalismo de los docentes y sesgadamente se apela a estos conceptos disgregantes. La alfabetización informacional adquiere, por lo tanto, un rol fundamental en el aula. Hay que vencer los prejuicios que atraviesan una sociedad supuestamente dividida entre «usuarios», «nativos digitales» «Generación Google» y «analfabetos digitales», como si ésta fuera la principal característica de una nueva brecha generacional y social y no el reflejo de asimetrías más profundas y complejas. Desde lugares de máximo poder se ha afirmado que antes «los maestros sabían más que los alumnos», como si esa fuera la característica virtuosa de un «edad de oro» de la escuela. De modo alguno esto menoscaba el rol docente, más bien lo orienta a profundizar en facilitar herramientas para encontrar lo deseable y necesario en la inmensa maraña de respuestas que tienen a la mano quienes no saben qué preguntas hacer.

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Gustavo Ernesto Carrizo

Experto en Implementación de Proyectos de e-Learning (Universidad Tecnológica Nacional), se desempeña como asesor en temas relacionados con Internet y desarrolla y administra distintos sitios web institucionales.

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