Brasil: desigualdad racial y acceso a las universidades

El 20 de noviembre pasado, el plenario de la Cámara de Diputados de Brasil aprobó el proyecto que crea cuotas del 50% en las vacantes de las universidades federales vinculadas al Ministerio de Educación y en las instituciones federales de enseñanza técnica de nivel medio, para los estudiantes de escuelas públicas. Esa vacantes serán reservadas para «negros, pardos e indios»,  en una proporción acorde con la población de cada estado, basándose en el censo del Instituto Brasileiro de Geografía e Estatística.

Dentro de esa cuota de 50%, la mitad deberá ser cubierta por estudiantes de familias con renta igual o inferior a 1,5 salario mínimo per cápita.

El tema de las “cuotas raciales”, tal como se las denomina en Brasil, ha generado polémicas tanto como fuertes apoyos. Por un lado hay quienes sostienen que las cuotas raciales profundizan el proceso de discriminación en Brasil, porque erosionan el principio de igualdad. Desde este punto de vista, se considera que hay una confusión entre lo racial y lo social y que un blanco pobre padece más limitaciones y marginación que un negro rico o de clase media. Se cree que una solución sería generar políticas públicas con becas de estudio para alumnos que ingresan en la Universidad a través de los exámenes de ingreso tradicionales, pero no pueden mantenerse dentro del sistema por falta de recursos. Se insiste por parte de quienes rechazan el sistema de cuotas raciales, que si bien ha aumentado el ingreso de negros al nivel superior, no ha sido necesariamente de aquellos que necesitaban el apoyo estatal. Estas evaluaciones negativas surgirían de la experiencia previa que ha habido en la aplicación de cuotas raciales en distintas instituciones universitarias en los últimos años.

Por otra parte, la defensa del sistema de cuotas se basa principalmente en que hay grupos específicos en la población de Brasil, que debido a procesos históricos de opresión han visto obstaculizado el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece el mercado laboral y también son víctimas de discriminación en la vida cotidiana.

Racismo y pobreza estructurales

Hay que reconocer  que la solución aportada por las cuotas raciales en el acceso a la universidad es parcial pero es un paso hacia la integración de una población marginada históricamente. La mención a la existencia de «negros ricos o de clase media», que hacen quienes rechazan el sistema de cuotas, es la mención a una ínfima porción de la población brasileña. La confusión entre lo racial y lo social y su impacto en la educación, está basada en el hecho de que estructuralmente la población negra es discriminada de manera sistemática en distintos ámbitos del sistema educativo, sobre todo en los primeros años escolares.

Los datos del informe «Relaciones sociales en la escuela: reproducción de desigualdades en nombre de la igualdad», muestran la gravedad del racismo en las escuelas brasileñas. Mary García Castro, investigadora de la Universidad Católica de El Salvador, es una de las coordinadoras del citado estudio. Ella sostiene que el bajo rendimiento escolar de los alumnos negros en matemática y portugués en relación a los blancos, está en función de la discriminación que sufren en las instituciones de enseñanza.

En este estudio, lo que más llamó la atención de los investigadores, fue la negación del racismo en las escuelas de enseñanza primaria y media. Los apodos, las burlas, las formas sutiles de discriminación, son costumbres que incomodan permanentemente a los estudiantes negros, sin embargo, García Castro asegura que directivos y profesores niegan que exista tal diferencia y lo atribuyen a un problema familiar, aunque para la investigadora queda claro que las escuelas reproducen los conflictos que se suceden en el medio.

La discriminación, aunque sea sutil, afecta la formación de los estudiantes negros. Según el estudio citado, la baja autoestima, la falta de motivación, la aceptación de la inferioridad, la negación de la identidad y el sentimiento de ser incapaz, acompañan a los niños y a los adolescentes por el resto de sus vidas, e influyen negativamente en el aprendizaje, reflejándose en notas más bajas que las de los alumnos blancos. La investigación que comenzó en el año 2003 y concluyó en el 2006, fue hecha en escuelas públicas y privadas en cinco capitales brasileñas: Belem, Salvador, Porto Alegre, Sao Paulo y Brasilia. De acuerdo con el estudio, las diferencias en las notas entre negros y blancos aumentan a medida que los jóvenes negros avanzan en sus estudios, lo que indicaría el agravamiento, a través del avance en los distintos niveles, de los efectos de la discriminación en la formación.

Esto no solo sucede en los primeros niveles de la educación. Recientemente, un grupo de intelectuales brasileños publicó  un documento, el «Manifesto em favor da Lei de Cotas e do Estatuto da Igualdade Racial». En ese texto se afirma que la situación educacional de los descendientes de africanos en el Brasil, es peor que la vivida por los negros de Sudáfrica durante el período de segregación racial: «El porcentaje de profesores negros en las universidades sudafricanas, inclusive en la época del apartheid, era mucho mayor que el porcentaje de profesores negros en nuestras universidades públicas en el día de hoy.»

Por su lado, no les falta razón a quienes sostienen que los exámenes de ingreso en las universidades no son los culpables de la desigualdad, sino que se llevan a cabo en un terreno plagado de desigualdades sociales previas.  En este sentido, la pobreza se cierne «igualitariamente» por sobre las cabezas de 43 millones de jóvenes brasileños de entre 18 y 30 años, según datos del año 2006, y casi 13 millones de ellos sobreviven con un ingreso familiar per cápita de medio salario mínimo o menos. De este grupo de pobres entre los pobres, el 30% se clasificaban a sí mismos como «blancos», 9% como «negros» y un 60% como «pardos». Entre estos jóvenes, apenas el 21% de los «blancos» y 16% de los «negros» y «pardos» habían completado la enseñanza media. Serían así el racismo y la pobreza dos elementos que se retroalimentan pero terminan ensañándose de forma más evidente, en los considerados «no-blancos». Baste recordar que Brasil es el país con más personas de ascendencia africana fuera del continente africano y sin embargo hay muy pocos negros en las áreas de decisión de los grupos de poder, incluyendo ministerios, parlamento, servicios públicos en general y fuerzas armadas.

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Gustavo Ernesto Carrizo

Experto en Implementación de Proyectos de e-Learning (Universidad Tecnológica Nacional), se desempeña como asesor en temas relacionados con Internet y desarrolla y administra distintos sitios web institucionales.

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