¿Se viene la bolonización pedagógica?

«Por eso es imprescindible el conocimiento de la ‘colonización pedagógica’. Somos al fin y al cabo, hijos de ella y nuestras realizaciones materiales sólo se asentarán sobre terreno firme si se integran a los factores culturales propios, porque la liberación del país sólo será medida por la liberación de los espíritus , cuando esto se asiente sobre la realidad del país tal como es, hoy y aquí» Arturo Jauretche. Los Profetas del Odio y la Yapa. La colonización pedagógica

A fines del siglo pasado, más precisamente 1998, representantes de la educación superior de Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido, firmaron la Declaración de la Sorbona, comprometiéndose a generar un espacio común que favoreciera tanto el reconocimiento externo como la movilidad estudiantil y las oportunidades de empleo. A partir de ese acuerdo surgió el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), dando origen, en junio de 1999, a la llamada Declaración de Bolonia.

Veintinueve ministros de educación europeos firmaron esta declaración, en la que se proponían acciones tales como adoptar sistemas de titulación comunes que permitan facilitar el empleo y la competitividad laboral entre los distintos integrantes de la Unión Europea y hacia el exterior; tres ciclos de educación superior: grado, máster y doctorado; el ECTS (European Credits Transfer System), un sistema de créditos de transferencia que promuevan la movilidad de los estudiantes, profesores e investigadores y personal de administración y servicios, además de la progresiva eliminación de obstáculos para que esa movilidad se produzca.

Hasta aquí ninguno de los objetivos parece especialmente irritante. Sin embargo todo cambia cuando las especificaciones de Bolonia se adentran en la financiación de la universidad pública. Los criterios contables se sobreponen a los académicos y científicos, siendo el mercado el que marca el pulso de la Universidad, reconociéndoselo de forma tácita como el demandante primario de la «mano de obra» universitaria y por lo tanto, motor y objeto de su existencia en pos de la adquisición y conservación del empleo, que es la zanahoria con la que las corporaciones mueven a los respectivos gobiernos.

Los lobbystas de la Mesa Redonda

En 1995, es decir, tres años antes del comienzo de este proceso, se reunió la Mesa Redonda de los Empresarios Europeos, (ERT por sus siglas en inglés). ERT es un lobby empresarial que reúne a alrededor de 45 presidentes y directores ejecutivos de grandes empresas multinacionales que cubren diferentes sectores industriales y tecnológicos. Según manifiestan en su portal, las empresas integrantes de ERT contribuyen al PIB de la Unión Europea en montos que superan al PBI de 21 de los 27 Estados miembros. Una declaración lo suficientemente gráfica como para ser escuchados cada vez que golpean al unísono el suelo europeo.

Pues bien, en esa reunión de 1995, dieron uno de esos golpes. ERT produjo un informe que tenía por objetivo «presentar la visión de los empresarios respecto a cómo ellos creen que los procesos de educación y aprendizaje en su conjunto, pueden adaptarse para responder de una manera más efectiva a los retos económicos y sociales del momento». Este documento, titulado “Educación para Europeos: Hacia la Sociedad del Conocimiento«, guarda una fuerte similitud con lo que luego se propondría en el plan de Bolonia, lo que dejó abierta la puerta a las críticas que señalan que el proceso de transformación para el Espacio Europeo de Educación Superior está creado con el objetivo de cubrir las necesidades de las poderosas corporaciones multinacionales de la UE.

Algunos ingredientes tóxicos del Plan de Bolonia

Hay muchos indicios que generan inquietud en la implantación de esta reforma universitaria en Europa. El más grave a mi juicio es que si se “produce” en educación siguiendo los caprichos coyunturales del mercado, cuando éste, voluble como es, sufre cambios dramáticos, la educación queda varios pasos detrás, ya que sus procesos demandan tiempos que son incompatibles con los de la actividad de los mercados tal como se desenvuelven hoy en día. Los objetivos de la educación pública superior hasta ahora estaban orientados a la formación de ciudadanos que construyen conocimiento y no a la fabricación de empleados. Hasta ahora la Universidad se concebía como un espacio de formación, investigación y creación donde se podían esperar respuestas más o menos claras y  propuestas superadoras y transformadoras ante las tribulaciones del momento.

A partir de los criterios mercantilistas que promueve el nuevo EEES, la Universidad queda sometida a los vaivenes de la economía cotidiana, y en el proceso que desemboca en el plan de Bolonia, se puede observar cómo los planificadores soberbios de hace 14 años hoy son los que golpean desesperados a las puertas de los gobiernos exigiendo ayuda para no agravar el desempleo mediante despidos masivos. En 1995 movían la voluntad de los gobiernos con la promesa de dar empleos, hoy con la amenaza de quitarlos.

En lo que hace a las condiciones de acceso al estudio, en la aplicación del plan de Bolonia se encuentra la imposición de una política universitaria que contempla una magra inversión pública, una formación especializada carísima y el reemplazo de las becas compensatorias para las maestrías por préstamos, basados en una devolución ligada a la renta futura del potencial profesional. Prácticas no rentadas de un año para la obtención del título de grado, y mediante el nuevo sistema de créditos, se miden no los resultados académicos sino el tiempo dedicado al estudio. La «jornada media» del estudiante es de 40 horas semanales, es decir que queda excluido el estudiante que trabaja para pagar sus estudios. Si a esto se agregan las condiciones insalvables para un trabajador o hijo de trabajadores de cubrir los costos de un Posgrado, se avanza hacia un “producto” de la educación superior elitista y formado exclusivamente en los claustros, ignorante, (salvo por el año de trabajo gratuito) de la problemática social y laboral que lo circunda.

Llegan las carabelas

Replicaron los indios que no querían consejos de gente que no conocían, ni menos acogerlos en sus casas, porque les parecían hombres terribles y mandones.(…) Entonces Cortés, viendo que las palabras estaban de más, les dijo que de ninguna manera podía dejar de entrar en el lugar y ver aquella tierra, para tomar y dar relación de ella al mayor señor del mundo, que allí le enviaba (…)» Francisco López de Gómara. Combate y toma de Potonchan. La Conquista de México.

Todo lo dicho puede ser opinable, pero el objeto de este artículo es el de alertar sobre la llegada a las costas latinoamericanas de las carabelas de este plan de Bolonia, que vienen tarde y escoradas, a vendernos la buena nueva de una reforma universitaria que en Europa está generando un profundo rechazo por parte de no pocos profesores y multitudes de estudiantes.

La reforma de la Educación Superior en el caso de España, se está imponiendo pese a fuertes repudios, que llegan a la toma de universidades y violenta represión policial. Todo indica que no existen ni se buscan los consensos, más allá de la difusión informativa de tipo propagandístico que se expone a diario en distintos medios de comunicación y foros que si son oficiales, no están expuestos a la participación pública, sino a una comunicación más bien unidireccional.

Pese a este clima, España, por la conexión histórica y lingüística con Iberoamérica, es la vía de acceso lógica de este Plan a nuestro continente. Precisamente, el 13 de marzo de este año se reunieron en la Universidad Miguel Hernández de Elche, representantes de universidades latinoamericanas para participar del proyecto interuniversitario «El desarrollo de sinergias entre el Espacio Europeo de Educación Superior y el Espacio Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior» subvencionado por la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo. Por México participó la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo y por Argentina representantes de la Universidad Católica de Córdoba, de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, y de la Universidad Nacional de Cuyo.

Según manifiesta el parte de prensa de la Universidad Miguel Hernández, el proyecto pretende «Promover la internacionalización del sistema universitario español e incrementar su competitividad, fortaleciendo la cooperación interuniversitaria España-Iberoamérica. Fomentar la reflexión y el análisis crítico entre los miembros de la comunidad universitaria y, en particular, los encargados de la gestión universitaria, acerca de las ventajas del establecimiento de un Espacio Latinoamericano y Caribeño de Educación a partir de la experiencia de la Universidad española en el Espacio Europeo de Educación Superior. Contribuir a mejorar el conocimiento mutuo de los sistemas educativos con el fin de identificar los puntos comunes y las posibilidades de adaptación entre el Sistema Europeo de Educación Superior que está ya implantándose en nuestro país y el futuro Sistema Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior, en proceso de formación, y elaborar propuestas dirigidas a garantizar el desarrollo de sinergias entre ambos.»

Si bien las declaraciones son auspiciosas, hemos visto de donde proviene la iniciativa de este nuevo sistema universitario español, las condiciones de su implantación, y los criterios que rigen sus créditos. También conocemos los enfrentamientos que se están llevando adelante en las distintas universidades españolas, que provocan un creciente enrarecimiento del clima social, como no podría ser de otra manera dada la conculcación drástica de derechos que empiezan a sufrir los universitarios en aquellas latitudes.

Es inevitable y por otra parte, altamente deseable, que se establezcan lazos de cooperación y puentes que favorezcan el intercambio entre los sistemas universitarios de Iberoamérica y el Caribe con las universidades europeas. Lo que sí deberá evitarse, sabiendo de antemano lo que se está sufriendo del otro lado del Atlántico, es que se nos pretenda vender como más eficiente un proceso gestado en las usinas ideológicas del lobby corporativo europeo, hoy en crisis.  Porque a fin de cuentas, en plena aplicación del plan, ya los vientos económicos están soplando en direcciones aleatorias y los otrora garantes de la financiación de las Universidades Públicas (los capitalistas privados) hoy dependen de las arcas estatales para sobrevivir. O al menos eso dicen.

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Gustavo Ernesto Carrizo

Experto en Implementación de Proyectos de e-Learning (Universidad Tecnológica Nacional), se desempeña como asesor en temas relacionados con Internet y desarrolla y administra distintos sitios web institucionales.

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4 Respuestas

  1. Aldo Caamaño dice:

    Si Harvard, Yale y las mejores universidades del mundo tienen aportes privados, cuál es el problema para que se copie ese modelo?.

  2. Patty dice:

    Gustavo, buen planteo decir que es un proyecto viejo para un nuevo mundo, que ha empezado a fines del año pasado. Estos tíos de las grandes corporaciones se han cagado en el estado de bienestar y ahora nuestros impuestos salen a velar por ellos. Bolonia es el pasado, claro que sí.

  3. Estimado Aldo, no hay problemas en que se copien modelos, siempre y cuando haya un contexto que sea adecuado y receptivo a esos modelos. Si ves el planteo del artículo, ni el espacio social latinoamericano es equiparable al de los ejemplos que planteas, ni las necesidades académicas y profesionales de nuestros países (hablo de los latinoamericanos) están en ese camino. Voy un poco más lejos y planteo que el Plan de Bolonia tampoco se adecua a los tiempos (no ya los nuestros, sino los mundiales), porque se montó sobre el supuesto de un Estado cada vez más ausente, propio de los ’90. Esos criterios hoy están en crisis y es al Estado a quien se le reclama un salvataje que reordene una situación económica que amenaza con salir de madre.

  1. 27/03/2009

    Plan de Bolonia, un engendro del siglo pasado, inventado por un capitalismo que hoy depende del Estado para sobrevivir…

    El Plan de Bolonia, nacido a fines del siglo XX a instancias del think tank del European Round Table (ERT), es un engendro propio del período neoliberal más recalcitrante. Entre otras cosas, propone que los capitales privados financien a las Universi…

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